domingo, 15 de marzo de 2015

El principio

Lo que me corroe por las venas ahora mismo, lo que me llevo a destruir mi propia casa, quebrar el vínculo con mi familia, con mis verdaderos amigos, romper las reglas de mi verdadera vida, para ser llevado a un túnel de sufrimiento y soledad, donde sólo debo escarbar en lo profundo de mi ser para resurgir como quien verdaderamente soy y quiero ser, y lo que me llevó a estar nuevamente en este ascensor tan oscuro y frío. 





El primer día en mi nuevo trabajo, en realidad, un nuevo ascenso en una nueva cede de la pequeña gran empresa de la cual soy participe. Esto se basaría en nuevos compañeros de trabajo, nuevo jefe, una pequeña oficina en donde tendría que escribir una columna de mi vida o de lo que yo creo que me parezca que llamará la atención de los lectores sobre mis pensamientos. Me gusta mi trabajo, y creo que nunca pensé estar escribiendo mi propia columna en el diario más conocido de New York hasta ahora, el gran The New York Times. 
Cuando le conté la noticia a mi familia me hicieron un gran fiesta sorpresa donde invitaron hasta vecinos que no sabía que tenía, estaba feliz por mi ascenso pero deseaba pasarlo tranquilo con mi familia, pero fue interesante y no estaba tan mal como pensaba al comienzo. Supongo que estaban orgullosos de mi. 
Llegue a tiempo, ni un minuto más, ni un minuto menos, como siempre lo hacía, odiaba ser impuntual y más en mi primer día, y aún peor con un nuevo jefe. Deseaba dar una buena impresión. Me había vestido con mi mejor traje, una corbata azul marino con unos zapatos negros bien lustrados. Me había visto al espejo unas cincuenta veces antes de salir de mi casa, estaba nervioso, pero nadie de mi familia lo había notado lo suficiente. Eso era una buena señal, nunca fui una persona demasiado demostrativa. Nadie sabía nunca de que humor podría estar aquella mañana. 
Al entrar a la empresa me encontré con mis compañeros de trabajo en sus respectivos asuntos, pasé a su alrededor y logré encontrar mi cubículo. Estaba perfectamente ordenado y era más espacioso que el de los demás, llevaba mi nombre en él, "Frederic Eastwood" en letras legibles. Decidí sentarme en mi silla, realmente era cómoda, me recliné en ella. Al parecer el jefe aún no llegaba, comencé a pensar que había llegado demasiado temprano, pero no era así, el jefe estaba llegando tarde. Decidí ponerme cómodo en mi sitio y comenzar a acomodar mis pertenencias, en donde estarían por un largo tiempo. 
Una amable mujer, de cabellos castaños, ojos avellanas, vestida formalmente, me pregunta si era el nuevo trasladado por ascenso, y rápidamente afirmo ante su pregunta, ella se ofrece a mostrarme la oficina hasta que el jefe llegue, era un pedido que le había dejado hecho porque él tendría cosas que hacer aquella mañana. Me presento a mis demás compañeros. A simple vista parecían buenas personas, algunos me ofrecieron una taza de café a la cual accedí sin dudar pero con amabilidad. Algunos eran mucho más abiertos que otros en cuanto a personalidad, pero ninguno descortés. El recorrido en el cual me guío la señorita Christine Conelly, me hizo entrar en un ambiente más cómodo y social. 
Cuando el jefe llegó, Christine, me estaba llevando de vuelta a mi cubículo, pero enseguida en que me apoye en mi asiento, fui llamando por la secretaria de aquél poderoso hombre. 
Harvey Orwell, era mi jefe, el encargado de mantener todo en orden en aquella oficina, de realizar todas las operaciones más importantes, de firmar los contratos más difíciles de leer. Interesante carrera laboral, que lo había llevado a estar dentro de una oficina supervisando criaturas como yo que realizaban en trabajo sucio por él, pensaban el doble por él, y siempre había alguien que le dijera lo que tenía que decir en caso de alguna complicación durante el período de trabajo. 
Cuando entro a su oficina, la miro con disimulo y logro ver una pintura muy hermosa colgada en la pared derecha, la observe con cuidado y descubrí que era de unos de mis pintores favoritos "Rembrandt" con una de sus mejores obras "La ronda de noche".
 Harvey me invita a tomar asiento y comienza 
:-Bienvenido a New York Times, Frederic, un placer tenerte con nosotros, quisiera comenzar por aclarar que tu jefe anterior me dio muy buenas descripciones de tu trabajo y he leído muchas de tus columnas los últimos meses. Estoy muy conforme con tu manera de escribir, logras atrapar a cualquiera con tus redacciones, realmente me tienes fascinado-.
-Bueno, me ha dejado sin palabras, realmente es increíble estar en el mejor diario de los Estados Unidos, es algo que creí siempre inalcanzable, le agradezco muchísimo por los elogios, espero poder seguir así de ahora en más y poder mejorar aún más-.
Harvay me comenzó a comentar desde mi trabajo hasta de los mejores compañeros a los peores, a decir verdad, no había peores, estaban aquellos que no ordenaban del todo sus ideas y tal vez tardaban más en la redacción de su noticia. Al terminar me dejo irme a casa, ya que la introducción e instrucción había tardado un poco más de lo esperado, mañana sería mi verdadero día de trabajo. Estaba totalmente preparado para lo que sea.

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